El origen del plátano se sitúa en el Sureste Asiático, origen de las plantas de la familia Musaceae. Se presume que fue introducido en América (específicamente en la República Dominicana) desde las Islas Canarias durante la colonización española. Aunque la palabra "plátano" tiene sus raíces en el latín, los términos "banano" y "guineo" provienen de África (Rosales et al., 2010).
El rábano (Raphanus sativus L.) es una planta anual de la familia Brassicaceae, cultivada desde tiempos antiguos en China. Su raíz, de 3-5 cm de diámetro y hasta 30 cm de longitud, penetra en suelos compactos, mejorando su estructura. Como planta de cobertura, reduce la compactación del suelo, disminuye costos de labranza y aporta nutrientes. Sus raíces absorben nitrógeno a profundidades mayores, favoreciendo la fertilidad del suelo. Además, emite sustancias químicas que controlan plagas como nematodos. En un estudio de investigación con papaya en Isabela, Puerto Rico (Racancoj-Coyoy, A. J, 2018), se demostró que el rábano proporciona un alto control de malezas (94 % en cobertura viva y 69 % en muerta), superando al sésamo (76 %).
Los cultivos de cobertura tienen efectos variables en el suelo según la especie, tiempo de cobertura y condiciones locales. Las plantas de cobertura de la familia leguminosas juegan un papel crucial en el ciclo del nitrógeno, pudiendo abastecer gran parte o todas las necesidades de N del siguiente cultivo (Martínez Mera et al., 2016). El estudio de Santos-Varga (2010) evaluó el efecto de épocas de siembra y fechas de corte en la producción y acumulación de biomasa y nitrógeno de Sunn hemp (Crotalaria juncea L.) en Puerto Rico. Se encontró que sembrar en junio y cosechar a los 121 días después de la siembra maximiza la producción de biomasa y nitrógeno, ofreciendo potencial como cultivo de cobertura y abono verde en agroecosistemas locales.
El maní forrajero, Arachis pintoi, actúa como una planta cobertora que puede reducir las malezas hasta en un 70.5% en plantaciones de plátano. Esta leguminosa de crecimiento rápido tiene la capacidad de fijar nitrógeno atmosférico al suelo, mejorando su estructura, reduciendo la erosión, aumentando la infiltración y retención de agua, y mejorando la salud del suelo. Debido a su baja altura, no interfiere con la producción de café u otros cultivos arbóreos, lo que lo convierte en una opción beneficiosa para mejorar la calidad del suelo y el rendimiento de los cultivos (USDA-Natural Resources Conservation Service. 2023)
El sorgo, perteneciente al grupo de las gramíneas, se utiliza como cultivo de cobertura debido a su rápido crecimiento y capacidad para cubrir el suelo. Se siembra entre los cultivos principales para suprimir malezas, reducir la erosión del suelo y mejorar su estructura.El sorgo forraje destaca por su adaptación a zonas secas, siendo óptimo para henolaje en el primer corte y rebrotes posteriores para heno y pastoreo. Dos experimentos realizados en la Subestación Experimental Agrícola de Isabela, UPR, evaluaron leguminosas como Crotalaria y sorgo en monocultivo y asociación. También se examinaron Canavalia y Mucuna. Se analizó la aportación de N en biomasa y la liberación de N inorgánico. La combinación crotalaria + sorgo resultó en la mayor contribución de N (Méndez Alicea, 2023).
En el trópico húmedo, investigaciones han destacado la importancia de las lombrices como indicadores del funcionamiento del suelo. Estos estudios analizaron la macrofauna edáfica (del suelo) en términos de riqueza taxonómica, diversidad, densidad, biomasa y composición funcional, permitiendo evaluar la intensidad del uso de la tierra. Las lombrices, en particular, son clave para entender la salud del suelo y su capacidad para soportar diversos usos agrícolas y forestales (Cabrera-Davila et al., 2017)
Los hongos desempeñan un papel esencial en la salud del suelo al descomponer materia orgánica y reciclar nutrientes. Un solo gramo de suelo puede contener hasta 200 metros de filamentos de hongos, conocidos como micelio, que actúan como una red subterránea, conectando plantas y facilitando el intercambio de nutrientes. Esta "red de la vida" no solo mejora la fertilidad del suelo, sino que también protege las plantas contra enfermedades y estrés ambiental.
Los colémbolos son seres vivos invertebrados diminutos y abundantes, muy parecidos a los insectos, que habitan ambientes húmedos. Estos diminutos artrópodos, que miden solo 1-2 mm, juegan un papel vital en la descomposición de materia orgánica y el ciclo de nutrientes. Al alimentarse de hongos y bacterias, ayudan a mantener el equilibrio microbiano en el suelo. Además, su presencia y diversidad reflejan un suelo saludable, ya que prosperan en suelos ricos en materia orgánica y bien estructurados.
Cubrir el suelo es esencial para la salud del suelo porque protege contra la erosión, mantiene la humedad y fomenta la biodiversidad. Las cubiertas vegetales, como el mantillo o los cultivos de cobertura, actúan como una barrera natural, reduciendo el impacto de la lluvia y el viento. Esto ayuda a prevenir la pérdida de nutrientes y mejora la estructura del suelo. Además, estas cubiertas proporcionan hábitats para microorganismos beneficiosos y aumentan la materia orgánica, vital para un suelo saludable.
La biodiversidad de cultivos en el trópico es crucial para la salud del suelo porque fomenta un ecosistema equilibrado y resistente. Diferentes cultivos aportan una variedad de raíces y residuos orgánicos, lo que mejora la estructura del suelo y aumenta la materia orgánica. Esta diversidad también reduce la presión de plagas y enfermedades, al dificultar su propagación. Además, diferentes plantas pueden fijar nutrientes, como el nitrógeno, enriqueciendo el suelo y promoviendo su fertilidad a largo plazo.
Un solo gramo de suelo puede contener hasta mil millones de bacterias beneficiosas, que son esenciales para la salud del suelo y, sorprendentemente, también para la salud humana. Estas bacterias descomponen la materia orgánica, liberando nutrientes que las plantas necesitan para crecer. Además, algunas bacterias del suelo, como Mycobacterium vaccae, han demostrado tener efectos positivos en el estado de ánimo humano, actuando como antidepresivos naturales cuando entramos en contacto con la tierra.
Los protozoos, microscópicos depredadores del suelo, son clave para mantener una cadena trófica equilibrada. En análisis de PLFA (ácidos grasos de fosfolípidos), su presencia indica una red alimentaria compleja y un suelo saludable. Al alimentarse de bacterias y otros microorganismos, los protozoos liberan nutrientes esenciales que las plantas absorben. Su diversidad y abundancia en el suelo reflejan una alta actividad biológica y una mayor capacidad del suelo para soportar la productividad y la resiliencia ecológica.
No todos los nematodos son dañinos; de hecho, los nematodos beneficiosos son fundamentales para la salud del suelo. Estos diminutos gusanos ayudan a controlar plagas al parasitar insectos dañinos, y también descomponen materia orgánica, liberando nutrientes que las plantas pueden utilizar. Además, los nematodos contribuyen a mejorar la estructura del suelo al crear poros que facilitan la circulación de aire y agua. Su presencia indica un ecosistema de suelo saludable y equilibrado.
Los exudados de raíces, una sustancia gelatinosa secretada por las plantas, son un festín para las bacterias beneficiosas del suelo. Estos exudados no solo alimentan a los microorganismos, sino que también promueven la formación de agregados estables en el suelo, mejorando su estructura. Estos agregados facilitan la retención de agua y nutrientes, reducen la erosión y crean un entorno más saludable para las raíces, lo que en conjunto contribuye a un suelo más fértil y resistente.
El balance de agua en los microporos del suelo es crucial para su salud, ya que estos poros retienen agua disponible para las plantas entre riegos o lluvias. Mantener el equilibrio adecuado evita el encharcamiento, que puede asfixiar las raíces, y la sequía, que limita el crecimiento. Un buen balance de agua en los microporos también promueve la actividad microbiana y la descomposición de materia orgánica, mejorando la estructura del suelo y su capacidad para soportar cultivos saludables.
Los alacranes, aunque temidos por su picadura, juegan un papel importante en la salud del suelo. Son depredadores naturales que controlan la población de insectos y otros invertebrados, manteniendo el equilibrio ecológico. Al excavar en el suelo, también mejoran la aireación y la estructura del suelo, facilitando la penetración de agua y raíces. Además, sus excrementos enriquecen el suelo con nutrientes, contribuyendo a un ecosistema subterráneo más diverso y saludable.
La presencia de polinizadores, como abejas y mariposas, indica un ecosistema saludable y, por ende, un suelo saludable. Estos insectos dependen de plantas florecientes, que a su vez requieren suelos ricos en nutrientes y bien estructurados para crecer. Un suelo saludable sostiene una biodiversidad vegetal diversa, que atrae polinizadores. Su presencia refleja un equilibrio ecológico donde el suelo proporciona el soporte necesario para plantas y animales, creando un ciclo de vida sostenible y productivo.
Las raíces vivas son fundamentales para la salud del suelo porque mantienen una actividad biológica continua. El vetiver (Chrysopogon zizanioides) es un excelente ejemplo de una gramínea con raíces extremadamente largas, que pueden alcanzar profundidades de hasta 4 metros (alrededor de 13 pies) o más. Estas raíces profundas permiten que el vetiver ancle fuertemente el suelo, previniendo la erosión y mejorando la estabilidad del terreno en áreas propensas a deslizamientos o inundaciones. Además, las raíces del vetiver ayudan a mejorar la infiltración de agua y la absorción de nutrientes, promoviendo la salud general del suelo.